[…] El joven alargó una mano hasta la nuca de Norren para atraer su lengua y su boca. Ambos se besaron con frenesí y al cabo de unos segundos el vaivén de la cintura del soldado se incrementó. Los jadeos de los amantes resonaron en el espacio único que formaban sus bocas. Sin embargo, Norren se detuvo en seco al cabo de poco. Disponían de toda la noche por delante y no pretendía correrse otra vez así como así.



